Carlouis es una marca costarricense de salsas artesanales gourmet. Le hicimos el rediseño del sitio, la producción de imágenes y parte del contenido.
Las tres cosas atacan el mismo problema, que no es técnico: una salsa se vende cuando se prueba, y en una pantalla no se puede probar nada.
El problema de vender sabor por internet
En una feria el producto se defiende solo: alguien pasa, prueba y compra. En línea hay que reemplazar esa prueba por otra cosa que genere la misma confianza — y no es el botón de "Añadir al carrito".
Quien duda entre una salsa artesanal y una industrial que cuesta la cuarta parte no está comparando precio. Se está preguntando si la va a usar o si se le va a quedar en la refrigeradora hasta que venza. Contéstele esa pregunta y la venta se cae de madura.
Todo el trabajo salió de ahí.
Las imágenes: el trabajo que más pesa
En alimentos, la fotografía no ilustra el producto: es el producto. Es lo único que puede transmitir textura, color y densidad a alguien que nunca destapó el frasco.
Y hay una diferencia grande entre fotografiar un frasco y fotografiar lo que ese frasco hace. La foto del envase sobre fondo blanco sirve para el catálogo y no despierta hambre a nadie. La que vende es la que muestra la salsa en uso — sobre la comida, con la textura visible.
Esa distinción también sostiene el precio. En gourmet, la presentación es parte del argumento: el mismo producto fotografiado con criterio de supermercado se percibe caro, y fotografiado con criterio de marca se percibe como que vale lo que cuesta.
El rediseño
El sitio se rearmó alrededor de esas imágenes y de la identidad de la marca, aplicada de forma consistente en toda la experiencia. El catálogo de productos quedó como el centro, con la fotografía llevando el peso y el texto apoyando, no al revés.
Es un sitio liviano y estático, sin base de datos que consultar en cada visita — lo que importa cuando buena parte del tráfico llega del celular, muchas veces desde el navegador de una red social, que es más lento que Chrome.
El contenido: los recetarios
La pieza de contenido que más rinde en esta categoría no es una descripción de producto. Son los recetarios descargables: uno general y otro de bocadillos.
Un PDF de recetas hace tres cosas al mismo tiempo:
- Quita la objeción. El cliente ya sabe qué va a cocinar con eso, así que deja de ser un frasco que se puede quedar guardado.
- Se comparte. Sale del sitio por WhatsApp y llega a gente que nunca oyó la marca. Es la pieza que trabaja sola.
- Se queda. Vive en el teléfono del cliente y reaparece cada vez que abre las descargas. Una publicación de redes dura horas; esto dura meses.
Lo físico y lo digital, conectados
La marca no vive solo en internet y el sitio lo refleja: hay dónde encontrarlos, cobertura de entrega y una sección de eventos, con páginas propias para las ferias en las que participan — como la de la feria en Fórum 2, Lindora.
Esas páginas de evento son contenido con fecha de vencimiento, y aun así valen la pena. El que probó en la feria busca la marca esa misma noche en el teléfono; el que ve el sitio quiere saber dónde puede probarla. Si el sitio ignora lo físico, se rompe la mitad del recorrido.
Los testimonios cierran lo que la foto no puede: alguien más ya la probó y volvió a comprar.
Qué se lleva otra marca de alimentos de este caso
- Invierta en la fotografía antes que en cualquier otra cosa. En comida es el producto, no la decoración.
- Venda el uso, no el frasco. Recetas, maridajes, ideas: eso convierte más que la ficha técnica.
- Regale algo que se quede. Un PDF útil sigue trabajando meses después de la visita.
- Conecte la feria con el sitio. Dónde encontrarlo y hasta dónde entrega cierra el circuito de la venta.
¿Tiene un producto artesanal y las fotos no le hacen justicia? Cuéntenos qué vende. Vea el caso en el portafolio o cómo trabajamos el diseño y las tiendas online.